El Manchester Bar, o como estar en Manchester sin salir de Barcelona.

 

Si existe un local en Barcelona que te transporta directamente a Manchester sin la necesidad de pillar un avión, ese es el Manchester Bar, o mejor dicho los Manchester Bares. Tenemos uno en el Raval, que este año cumplió 10 años y montó una party para celebrarlo en la que el mismísimo Mike Joyce (exThe Smiths) vino a hacerles de Dj, y otro en el Gòtic, que se abrió en el 2006, así que, como ves, en una noche puedes ir de uno a otro caminando tranquilamente (15-20 min. aprox. a mi paso).

Elijas el que elijas, en los dos locales se respira un ambiente muy similar, luz rojizaincluída, y suena la misma música, puede que un pelín más rockera la del Raval, pero básicamente prima el Indie a tope en los dos: clásicos de The Smiths, Joy Division, New Order, Stone Roses, The Clash, The Cure, David Bowie, Happy Mondays, y otras bandas por el estilo…, muchos de los grandes referentes en la música de los 80’s y los 70’s. Si esos grupos de culto son los que suenan en el Manchester Bar, su paredes bien merecen ser empapeladas con esos mismos ídolos, bien sea con posters o fotos, y a la vista está que así es también. Descrito de esta manera podría parecer que es un local hecho para nostálgicos, que también lo es, pero tampoco se podría encasillar del todo dentro de ese objetivo porque a estos clásicos seunen las últimas novedades del panorama Indie.IMGP1815

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Municipal Housing in Manchester before 1914: tackling ‘the Unwholesome Dwellings and Surroundings of the People’

Municipal Dreams

Manchester has been described as the ‘shock city’ of the Industrial Revolution and if you lived in Ancoats it was, indeed, pretty shocking.  Ancoats was the world’s first industrial suburb – factories and workshops cheek by jowl with mean terraces of back-to-back working-class housing and courts.

Ancoats in 1895 Ancoats in the 1870s

In 1889, a report by Dr John Thresh on 36 acres lying off Oldham Rd detailed 25 streets, many less than 17ft wide, and housing, mostly over 70 years old.  The area contained over 50 courts; one third of houses were back-to-back.   A death rate of over 80 per 1000 led to his dry statistical conclusion that ‘3000 to 4000 people [were] dying annually here in Manchester from remediable causes. (1)

The City Council declared it an ‘Unhealthy Area’ and determined to clear and rebuild.  A total of 1250 people were displaced and 239 dwellings demolished.

Manchester City Council had…

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Fábrica de Dot Motorcycles con David Coulter, artista anfitrión, y aterrizaje en la música de Laurie Laptop. En Hulme, Manchester. 2ª parte.

Seguimos el paseo por Hulme, ya sin otro objetivo que encontrar el camino de subida hacia Salford y, con un poco de suerte, descubrir algo curioso que el destino nos quisiese ofrecer. Pues como si una diminuta Campanilla nos fuese guiando, encontramos el camino y esas «cosas curiosas» sin necesidad de mirar ningún mapa.

El canal de Bridgewater quedaba por encima nuestro y empezamos a adentrarnos en una zona poblada de fábricas, de esas de ladrillo rojizomarrongrisáceo, algunas chimeneas que ya no emitían humo, en definitiva un espacio que, desde el minuto 1, nos hizo pensar en la industrialización e imaginar como debió ser aquello tiempo atrás. En fin, que si algo no puede esconder Hulme es su patrimonio industrial. El uso actual que se les está dando a estos edificios vimos que, en muchos casos, era como viviendas, lofts, estudios o pequeñas empresas.

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Catalan Square: Manchester’s ‘C Spot’

AC

catalan square A reincarnation of the formerly derelict old Castlefield railway arches and the canal basin , Catalan Square is a fairly recent creation. The square is imaginatively conceived and overlooked by the café-bar, Barça , owned by Manchester singer, Mick Hucknall , of Simply Red, which is an inspired attempt to bring his favourite tapas-style experience to Manchester.

Located immediately beneath the railway arch, successful and ideally placed, it attracts large crowds, particularly on fine sunny summer weekends, when Castlefield regularly hosts outdoor events in the nearby Outdoor Events Arena, as well as boat festivals, street markets, fairs and music festivals. The bar conveniently offers light refreshments, drinks (just a coffee, a wine or a beer) and food in an elegant setting overlooking the Bridgewater Canal‘s junction with the Rochdale Canal Lock Flight at the Dukes 92 Lock, and is understandably popular. Well worth a stop to watch boats…

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Barcelona: From the Catalan Manchester With Love

Barcelona-Manchester common things.

AC

6a00d8341bfb1653ef01a5109f1c4c970c-550wi Tucked away in a quietly fashionable part of Barcelona, there is a part of the Catalan capital that will remain forever Lancashire: unknown to many, the city’s  Poblenou district has worn the title of the “ Catalan Manchester ” since the 19 th  Century thanks to its history of textile manufacture and industry.

Having lived for three happy, if rainy, years in Manchester and two years in a slightly sunnier Barcelona I was charmed to discover the historical link between the two cities, not the least because I had already decided that Barcelona and Manchester had a lot in common.

Of course, both cities’ textile industries have now largely departed and there’s not a great deal of likeness to be found in weather, geography or architecture. But there remains much to bind the two cities in Trans-European fraternity.

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Hulme. Algo de su historia y sus «Crescents» (Construye-Destruye). 1ª parte

Con un sol de justicia, en pleno mes de abril, y en Manchester, después de visitar el Iron Bridge del Still ill de The Smiths y plantarnos en la puerta de la que fue casa de Morrissey,  nos decidimos a callejear por Hulme, para luego, caminando también, dirigirnos a Salford, que tampoco quedaba muy lejos.

La historia de esta zona, situada en la parte suroeste de Manchester, tiene cosillas interesantes que se reflejan en buena parte de su paisaje. Os cuento que el nombre de Hulme tiene su raiz en la cultura nórdica (el porqué hay que buscarlo en la invasión escandinava que hubo en el lugar) y significa algo así como «terreno rodeado por agua» (el río Irwell pasa por allí). La presencia del río seguramente tuvo que ver para Hulme fuese uno de los puntos elegidos para que toda una serie de fábricas se instalasen allí durante la revolución industrial, hecho que procuró a la zona un gran desarrollo y empleo a la población. Las fábricas de algodón, la industria textil y la llegada del ferrocarril a la zona, hizo que muchas personas se instalasen en esta parte de Manchester para estar cerca de sus trabajos, así que se tuvieron que construir viviendas rápidamente para poder albergar a la gente. Las prisas ya se sabe lo que traen y el paisaje resultante fue el de un montón de casas de muy baja calidad metidas entre las fábricas, humo de chimeneas y que contaban con unas condiciones de saneamiento lamentables.

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Boris Chimp 504

Lo de “Boris Chimp 504”, para alguien que escucha por primera estas palabras, podría sonar a bebida alcohólica para mezclar con coca cola o a unas pastillas contra la tos o a cualquier otro producto quimíco que se precie, pero no se trata de nada de eso, aunque de química audivisual tiene una buena carga, y por lo tanto acaba creando cierta adicción. Boris Chimp 504 en realidad es lo que da nombre al proyecto de dos portugueses,  Miguel Neto y Rodrigo Carvalho, una conjunción de talento creativo reflejado en imágenes y sonido, una performance audiovisual que te sumerge de lleno en un mar de ciencia ficción del que es difícil escapar…, más bien te seduce como el canto de las sirenas.

 Mi experiencia fue de lo más excitante. Entré en una sala a oscuras, dentro del Convent de Sant Agustí, en la que no había más luz que la de una imagen en la pared de enfrente y una cajita de metal sobre una mesa. Los que somos de naturaleza curiosa acabamos tocándolo todo, así que me dio por tocar la cajita y mover mis dedos sobre unas placas que la coronaban. El efecto de mi acción fue que la imagen de la pared empezó a moverse tomando formas diferentes y lo mismo ocurría con el sonido. Así pasé unos minutos bien entretenida-alucinada e incluso intenté retar a la tecnología posicionando los dedos repetidas veces y de la misma manera para ver si podía generar las mismas señales audiovisuales, pero fue imposible conseguirlo ni competir con la precisión de esa máquina. Aunque he de decir que fue muy interesante interactuar con ella y ver como mis acciones eran premiadas con reacciones, algo que me hizo sentir que muchas veces acabo llevándome mejor con las máquinas que con los humanos.

Tuve la suerte de que los padres de la “criatura” charlasen un ratito conmigo allí mismo y me explicasen cosas tan curiosas como la historia de su nombre, que viene de una misión a la luna que se inició en 1969  y que en ella fue enviado un cosmonauta chimpancé llamado Boris 504 del que nunca más se supo. Se cree que murió, que se convirtió en fantasma y que de vez en cuando da señales, lo que demuestra que sigue intentando comunicarse con la Tierra. Una historia absolutamente ideal para un proyecto de estas características tan futurista y de ciencia ficción. Y también me contaron que los dos se conocieron en Barcelona mientras estudiaban un Master de Artes Digitales en la Pompeu Fabra, algo que, a la vista está, aprovecharon al 100%.

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The Cure en el Primavera Sound. Yo estuve allí.

Temiendo tragarme una larga cola para entrar en el Primavera Sound, como me ocurrió el año pasado, decido plantarme en el Forum a las 18 pm. para que me diese tiempo a ver a The Chameleons, pero sorprendentemente tal como llegué, pasé sin tener que perder ni un minuto de espera para recoger mi pulserita. Así que primera alegría de la tarde!!! porque así podría tener la oportunidad de darme antes una vuelta por los diferentes escenarios, bueno, al final sólo pude pasar por uno. De todas formas, el hecho de que me despacharan tan rápido y más tarde comprobar que también la gestión del pago en las barras, una de las incomodidades más criticadas del certamen del 2011, había mejorado, me demostró que la organización había tomado nota y había resuelto esos pequeños detalles de manera inteligente.


Con tal aprovechar al máximo, me fui a ver una media hora a Bigott, que estaba en la otra punta, en el escenario Mini y como estaba lleno de gente bailando, pude comprobar a distancia, primero, que multiplica fans como el milagro de los panes y los peces y, segundo, que tiene un directo de infarto por lo que se mueve y por lo que canta. El zaragozano no escatima esfuerzos en animar a su público con ese folk-rock tan personal que le erige dentro del panorama musical como un compositor diferente. Bigott no da tregua, dispara su batería de canciones, surrealistas donde las haya, todas en inglés y más bien breves en su duración, pero con muy buena puntería. Uno no puede decir que no se lo curra. Vamos, que si llego a saber que iba a ser así, me voy al Festival a las 5 de la tarde.


Mi primera apuesta, The Chameleons, tocaban casi a las 19:00, pude colocarme en las primeras filas y salieron con una puntualidad británica, a pesar de que el sol que se dejaba caer, y de cara, no invitaba en absoluto a subirse a ningún escenario para tocar ni cinco acordes, y menos a esta banda, un símbolo post-punk acostumbrado a moverse en ambientes en penumbra. De hecho, la primera vez que vi a The Chameleons al completo, ahora ya sólo quedan dos de sus componentes originarios, fue en los 80’s en la mítica Sala 666, yo era muy muy joven y aquel lugar era muy muy oscuro también, pero su música y el local encajaban perfectamente. En fin, como decía, aquel sol de justicia no frenó a la banda, siendo capaces de poner toda la carne sobre el asador y entregándose a un público, en su mayoría de cuarenta y tantos, que estaba allí para aplaudir a una auténtica banda de culto. Disponían de casi una hora para dar un repaso a su repertorio y así lo hicieron con temas como “Don’t fall” y culminando al final con el “Second skin” (incluía salto de su líder, Mark Burgess, al foso para compartir canción con sus seguidores más cercanos). A mi me faltó el “Up the down escalator”, pero confío que la próxima vez que vengan y, que volveré a verlos, no se lo dejarán en el tintero o lo mismo,  prescindieron de ella por esa tendencia algo más rockera que se alejaba algo de aquellos matices electrónicos que les caracterizaba y más, aquel tema en concreto. Sigue quedando patente que en Manchester siempre se ha hecho muy buena música y The Chameleons son una buena prueba, aunque he de decir que nunca se les hizo justicia en su tiempo, que sobrevivieron como pudieron bajo la sombra de The Cure o Joy Division y que sin embargo han ejercido una gran influencia en grupos que han movido a multitudes de seguidores.


Mi segunda apuesta era The Cure, porque estaba convencida de que la ganaría, pero hasta las 22:00 tenía tiempo para seguir curioseando por el Primavera y así hice. Me pasé por San Miguel en el que estaba actuando Rufus Wainwright, pero para mi gusto y por lo que pude ver, que no fue mucho porque he de confesar que me empezó a aburrir un poco, no estuvo muy acertado con su repertorio, si bien es cierto que el despliegue de recursos musicales y de voces, la suya la primera, en el escenario fue importante. No acabé de verlo, sí que pude escuchar algún tema nuevo de su último trabajo “Out of the game” pero lo cierto es que como yo, había muchos por allí que acababan por no prestarle demasiada atención. 
De ahí, me fui al ATP donde estaban tocando I Break Horses, música de esa que te transporta a otra dimensión, probablemente debido a la combinación entre el sonido de los sintetizadores, la voz de su cantante, Maria Linden, un poco a lo Cocteau Twins y el hecho de estar escuchando todo eso desde las gradas y con vistas al mar. Eso sí, un concierto muy cortito, con un llenazo total.


Y llegó el turno de The Cure y ahí estuvieron durante tres horas entregándolo todo de una manera elegante, muy naturales, cómodos, respetando la misma línea de actuación que siempre han seguido y que en definitiva es la que espera su público, lo mejor para que todo el mundo quede contento. San Miguel estaba lleno hasta los topes y con gente de todas índoles, oscura y de colores, nuevas y viejas generaciones… Eso hace años era impensable en un concierto de este grupo, ahora ya es una realidad. Tres años hacía que The Cure no venía por aquí así que el ambiente antes de empezar el concierto era claramente de impaciencia pero en cuanto aparecieron sobre el escenario la impaciencia se convirtió en un auténtico fervor contagioso desde las primeras notas. Vemos a un Robert Smith que, a sus 53 años y con algún kilo de más, sigue cuidando esa encantadora imagen de tipo tímido y sensible, como abandonado a su suerte, con ese pelo crepado, esos labios mal pintados de rouge… Ese aspecto y su música, le funciona y la prueba está en el hervidero de gente que pudo ver con su propios ojos cantando, bailando y aplaudiendo, todos y cada uno de sus hits (muy pocos se dejaron en la recámara, los menos comerciales en cualquier caso). De los primeros que sonaron, “Pictures of you”, siguieron otros como “Just like heaven”, “The forest”, “Lullaby”, el “close to me” que, por vete a saber qué influjo de la luna de ese momento, se convirtió en un rompepistas (rompeasfalto en este caso) y tampoco olvidaron servirnos el monumental “The Kiss” como inicio de su primer bis y como muestra de lucimiento instrumental.  Curiosidades, pues el “Friday I’m in love” por aquello de que era viernes y esas cosas, el “The blood” como un guiño un poco guiri (seguramente The Pogues también hubieran tocado su “Fiesta”) y acabaron con el “Boys don’t cry” supongo que para que no pidiésemos más bises. En definitiva, estuvieron sensacionales y muy generosos por el tiempo que dedicaron. La última imagen que me queda es la de un Robert Smith abandonando el escenario con una sonrisa de satisfacción que lo decía todo y la de un público absolutamente extasiado por el efecto de la música de The Cure, que llegó, vio y venció.

De ahí, de vuelta al escenario Mini, otra excursión musical que me lleva hasta los electrónicos-post-rockeros Death in Vegas que, a día de hoy pueden presumir de estar muy bien consolidados y con unos seguidores muy fieles que no les dejan solos en el escenario, a pesar de que se hicieron esperar un rato. Buena parte del concierto fue una apuesta por sus temas más bailables pero equilibraron muy bien su tiempo con otros, en los que la psicodelia tomaba el relevo y nos conducía a todos los que allí estábamos a cualquier otro planeta del universo. Repetiría sin pensármelo dos veces.


Eran las 4 de la mañana, más o menos, cuando dejaba el recinto del Forum, todavía entusiasmada, acompañada por una riada de gente que, como yo, habíamos agotado nuestras fuerzas descubriendo nuevas bandas, siguiendo a las viejas glorias y corriendo de un lado para otro para no perdernos lo que se cocía en los diversos escenarios. Y todo eso, durante varias horas. Pies destrozados y espíritu saneado. Un Primavera Sound de este nivel, con todo lo que mueve, merece todo esto y mucho más.

La noche eterna de Love of Lesbian.

Love of Lesbian, haciendo gala una vez más de su poder de convocatoria y dando las gracias al público por haber invertido dinero, con los tiempos que corren, para asistir al concierto, presentaron ayer por la noche en el Poble Espanyol su último trabajo “La noche eterna. Los días no vividos” o lo que es lo mismo, un reflejo de la resaca que les ha provocado su “1999”. Fue un concierto de dos horas y media en el que, además, de tocar parte de los temas de su doble cd, volvieron a hacer revivir a todos sus fans la fiebre de su última gira tirando de éxitos como “Fans de John Boy”, “Marlene, la vecina del ático” o “Incendios de nieve”.



En la primera parte del concierto, la cosa estaba en tomar el pulso a un público expectante pero desde un principio entregado, tocando sus nuevas canciones, más serias que de costumbre y con menos dosis de humor que en sus anteriores propuestas. Un “Nadie por las calles” fue el pistoletazo de salida a una noche que iría ganando en entusiasmo a medida que, de una manera muy inteligente Love of Lesbian, alternaban los temas nuevos con los anteriores. Poco después llegó, Wio, canción que Santi Balmes dedicó a Barcelona, por cierto una de sus temas más deprimentes pero no por eso poco pegadizo, todo lo contrario. “La niña imantada” fue uno de los primeros guiños para aquellos que se habían plantado allí sin haber escuchado su último trabajo, o al menos no haberlo hecho suficientemente (es denso y largo, todo hay que decirlo) y así poder corear estribillos ya conocidos. Luego siguieron “Allí dónde solíamos gritar”, “Si salimos de esta” y cerraron con una poética “Oniria e insomnia”.

Los bises no se hicieron esperar y a las once de la noche LOL volvía a la carga con unas actuaciones mucho más cercanas a las que se vivieron en su última gira, acelerando así el ritmo de sus fans, haciéndolos bailar, saltar o incluso poner de cuclillas con el último tema de la noche “Algunas plantas”. No faltaron tampoco las “Maniobras de escapismo” o “Noches reversibles” o uno de sus últimos temas más electropop, “667”, en el que el cantante bajó del escenario para entrar en contacto directo con el público. Un momento especialmente divertido fue cuando Santi Balmes tuvo la ocurrencia de cantar “El ectoplasta” en clave de humor, dibujando de alguna manera la relación entre Rajoy, su esposa, Hollande y Merkel (esta última representando al ectoplasta), uno de los temas más aplaudidos de toda la noche. El final fue una despedida apoteósica por parte del público repitiendo una de las palabras que forman parte de “Toros en la Wii”, “Fantásticooooo…”.


Ayer quedó de nuevo demostrado que Love of Lesbian gana mucho en directo y que siguen manteniendo su signo de identidad con un Santi Balmes que domina cómodamente su actuación, el escenario, sabiendo en cada momento que es lo que esperan sus fans, bien sea haciendo payasadas, improvisando frases en medio de las canciones o tirando de sentido del humor. Tienen la capacidad de jugar a su antojo con sus propias canciones sin que en ningún momento uno tenga la sensación de que algo se escapa de las manos o de la voz. Convencieron.