El Iron Bridge del que hablaban The Smiths.

Estábamos en Manchester. Un día pillamos el metrolink en St. Peters Square y nos bajamos en Stretford. El plan era recorrer Kings Road y hacer dos paradas enesa misma calle. Los fans de The Smiths saben perfectamente cuáles son esos dos lugares de interés: el Iron Bridge y la antigua casa de Morrissey, en el número 384. Con esto ya os podéis hacer un idea sobre lo que van a tratar las siguientes líneas: Carnaza para los fans de la banda!! Y también puede que curiosidad para los no fans que se pregunten qué le lleva a una a subir a un corriente y moliente puente de hierro (tirando a cutre) y sentirse como si estuviera en un cohete a punto de partir hacia la luna. Lo sé, suena muy exagerado pero qué queréis que os diga…??? Soy emocionalmente muy activa y no necesito drogas.Volviendo al tema de la logística de esta excursión, a pocos metros de la parada de Stretford estaba Kings Road, así que fue muy fácil encontrarla. Es una calle ancha y bastante agradable, con casas a ambos lados de la calzada, unas más señoriales que otras, y en general es solitaria y silenciosa, aunque con pequeñas sorpresas como una Iglesia-barracón que encontramos, y que estaba metida dentro del patio de una de aquellas adosadas.

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Fuimos avanzando y, por proximidad, lo primero que encontramos entre un hueco que había entre dos casas, fue el Iron Bridge, el puente del que habla la canción Still ill, y que cruza las vías del tren en el que íbamos minutos antes. Paramos, miramos de frente los tres o cuatro niveles de escaleras que teníamos que subir y para allá que fuimos, igual que la vegetación que trepaba por sus barandas o asomaba entre los huecos de los peldaños.

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Una vez arriba, un largo pasillo de paredes de planchas metálicas, atornilladas a una baranda exterior, pintadas de color azul y repleta de mensajes para Morrissey y The Smiths, estribillos de sus canciones, declaraciones de amor, nombres, firmas, años, etc… “Lyric Street” al alcance de paseantes. Un escondite para eternos adolescentes con o sin complejos, un corredor de oraciones y confesiones escritas con rotuladores de tinta permanente, de esa que es resistente al agua y al sol, con la pretensión de que sea eterna. Me recordaba la tumba de Oscar Wilde, llena de mensajes y besos aplastados contra la piedra. Mi amigo Ignasi y yo dejamos también un mensaje firmado como Ignisa, la combinación de su nombre e Isabel, yo mismamente (el bonito nombre que se le ocurrió a él, que es un genio, de los de verdad, en esos menesteres (tanto es así que se gana la vida poniendo nombres a las cosas)). El mensaje era una frase de la canción Still ill que decía “It wasn’t like the old days anymore”, que era una de las que faltaba en aquel muro metálico para acabar de completar el tema. https://www.youtube.com/watch?v=ZpatyAxOtOY

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En fin, que desde allí subimos a la luna y bajamos en cuestión de media hora o puede que tal vez algo más. Nada más dejar atrás el último escalón, me volví, y pegada a las escaleras encontré una verja cerrada con un candado, obviamente para que la gente no pase a las vías, pero preferí pensar que era un símbolo de amor eterno, de esos que te esclavizan de por vida a pesar del paso de los años.

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El Iron Bridge nos devuelve al punto de Kings Road que habíamos dejado y avanzamos hacia el este. Llegamos al invisible número 384, digo invisible porque alguien lo había quitado y pasábamos del 382 al 386. La antigua casa de Morrissey, luchando por su anonimato!!! Imagino que sus habitantes deben estar algo cansados de encontrar a los fanáticos seguidores de The Smiths haciéndose fotos en la puerta de la casa. Yo también me la hice, pero desde el otro lado de la acera, para no llamar la atención, aunque habría pagado para poder entrar dentro, incluso sabiendo que en su interior no se mantiene nada de su antiguo inquilino y su familia. Los fans tenemos estas rarezas, reconozco que cercanas a la enfermedad, pero no mortales. La casa de Morrissey era igual que la serie de casas que la rodeaban, imagino que con idéntica distribución interior, pero claro, en esa en concreto es en la que pasó algunos años de su vida y en la que compuso sus canciones y en la que se encontraba con Johnny Marr. Pensé que algo de sus infiernos y sueños personales quedaría todavía entre aquellas paredes.

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No paramos mucho rato allí y tampoco esperábamos que se produjese el momento que vivimos en la fábrica de las motos Dot, cuando nos invitaron a entrar, así que seguimos hacia el final de la calle sobre los mismos pasos que, seguramente, Morrissey dio hace años.

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